martes, 31 de julio de 2012

Zacatuches presentes en el Séptimo encuentro de Juegos Autóctonos y Tradicionales de DF



El pasado 31 de Marzo en punto de las 10:00 am los jóvenes pertenecientes a la brigada Zacatuches se reunieron en la plaza cívica de San Juan Tepenahuac, uno de los doce pueblos pertenecientes a la Delegación Milpa Alta ubicada al sur de la ciudad con la intención de participar en el Séptimo Encuentro de Juegos Autóctonos y Tradicionales del DF. En este evento se pondrían en práctica juegos como el trompo, balero, resortera, rayuela etc.
Con el ánimo por las nubes los jóvenes comenzaron a llegar con sus papalotes,  realizados con papel de china de varios colores, aproximadamente de un metro de diámetro. Comentaron que “ellos los habían  elaborado semanas antes guiados por Toño y don Octavio habitantes originarios de la comunidad, con gran talento para la confección de este juguete tradicional”  y… “aunque a la mayoría de los chicos les había costado trabajo hacerlos estaban orgullosos de verlos terminados y listos para volar”. Después de algunos minutos  el transporte llego para llevarnos a todos al campo deportivo “Hueytepetl”, donde tendría lugar la exhibición de juegos.
El camino hacia la feria fue impresionante, por doquier podías observar un paisaje espectacular, en el que destacaban los colores de las flores, el verde de los nopales, magueyes y árboles; al fondo una vista magnifica del Tehutli, poco a poco nos fuimos alejando de las casas hasta no ver ninguna, entonces el olor a tierra se fue acentuando  al mismo tiempo que el trinar de los pájaros se volvió más claro, y después de pasar por algunas subidas y curvas pronunciadas por fin llegamos al lugar.
Ahora si “Zacatuches a trabajar”… los jóvenes y sus promotores tardaron pocos minutos en ponerse de acuerdo en las actividades que realizarían durante el evento y cómo se formarían los equipos; mientras tanto familias completas comenzaban a llegar ya se veía por allí uno que otro “chamaco” intentando elevar su papalote, y ¡cómo no! si el clima era propicio para hacerlo pues con el sol en pleno apogeo y un viento considerable se alzaría con facilidad.

También se podían ver resorteras en los bolcillos de algunos caballeros, que no dudaron ni un “poquito” para comenzar a practicar la puntería en el espacio destinado a este juego, que estaba delimitado con lazo, la distancia entre los participantes y los “blancos” era de cinco metros aproximadamente; en pocos segundos comenzaron a volar piedras que no derribaban ningún objetivo, pero ¡como se divertían o angustiaban los participantes! después de todo ese era uno de los propósitos de este evento.
En cuanto a comida se refiere, fueron instalados puestos que ofrecían una gran variedad de antojitos, como huaraches, quesadillas, gorditas, taquitos, etc. cabe mencionar que desde el inicio del evento estuvieron saturados; la mayoría de los vendedores eran originarios de la comunidad y estaban muy contentos de participar en el evento,  para ellos es “importante preservar las tradiciones que les heredaron sus padres”.
Después de organizarse y acordar que iniciarían sus actividades a partir de la inauguración de la feria, algunos brigadistas no dudaron en ir a desayunar otros se dispusieron a conocer el terreno. Entre tanto comenzaron a llegar reporteros de distintos diarios y televisoras, ¡todos dispuestos a obtener una buena nota y disfrutar del evento!, con cámaras y micrófonos en mano los de TV AZTECA pidieron a los Zacatuches les concedieran unas  tomas para una cápsula informativa, sin dudarlo aceptaron; y como dicen popularmente tuvieron sus cinco minutos de fama, aunque se realizaron varias tomas pues por los nervios o la emoción los jóvenes no actuaban con naturalidad, sin embargo al final todo salió muy bien.
Pocos minutos después el animador mencionó que se “daría  inicio a la inauguración de la feria”, encabezada por autoridades delegacionales, habitantes originarios e integrantes de la Federación Mexicana de Juegos y Deportes Autóctonos y Tradicionales A.C, se dio por iniciada esta exhibición, “todos coincidieron en la importancia de rescatar las tradiciones pues son símbolo de identidad para la comunidad”, después de estas palabras los asistentes entonaron el himno nacional, y siendo las 11:40 am el Delegado Francisco García dio por inaugurado formalmente el evento.

Luego de escuchar estas palabras los asistentes no dudaron en brindar unos cuantos aplausos por la inauguración, y pocos minutos después comenzaron a aglutinarse en el espacio destinado al primer juego, la “rayuela”,  los participantes, que oscilaban entre los 20 y los 50 años, en su totalidad hombres, estaban impacientes por comenzar a jugar, sin embargo uno de los jueces explicó primero las reglas, mencionó que se obtenían ocho puntos si le atinaban al orificio que se encontraba en el centro del ladrillo rojo, cuatro si la moneda, también conocida como “tlacos”, caía  “mordiendo raya”,  y dos si quedaba fuera del tabique, el primero en completar 38 puntos ganaba.
Aclaradas las normas, los concursantes comenzaron a lanzar por turnos su moneda, al tiempo que las emociones se hicieron presentes entre los competidores  y espectadores, pues todos sufrían o se emocionaban al ver cómo la monedita por poquito y entraba en el orificio! ¡chin! decían algunos y se precipitaban a formarse de nuevo, cómo si los estuvieran persiguiendo, después de algún rato el ganador indiscutible apareció, y a pesar de la inconformidad de muchos, él obtuvo su premio: 400 pesos.
Gregorio Ramos Melo integrante de la Federación Mexicana de Juegos y Deportes Autóctonos,  mencionó que el “tololoque” o rayuela tiene raíces prehispánicas, pues se sabe que el emperador Cuauhtémoc y Cortez lo practicaban en sus ratos libres” pero a diferencia de lanzar monedas ellos utilizaban bolitas de oro, asimismo destacó la importancia de preservar estos juegos.
En otro espacio iniciaba el tradicional juego de trompo, que consistía en lanzarlo con la mayor fuerza dentro de un circulo delimitado con pintura blanca,  para después tomarlo con la mano cuando aún estuviera girando y volverlo a lanzar con la intención de expulsar la mayor cantidad de monedas, cada una  tenía un valor distinto. Las rojas valían 5 puntos, las verdes 4 y las amarillas 2. El ganador dentro de la categoría de los niños, fue Brandon Cabello Robles un pequeño de ocho años originario de la comunidad, al preguntarle sus impresiones contestó “no pus se siente bien bonito ganar”.
De aquí para allá anduvieron los brigadistas, muy apresurados y atentos tratando de rescatar todos los momentos importantes de la exhibición, algunos tomaban fotos, videos o incluso entrevistando a los asistentes; fue así como transcurrió su día de trabajo, hasta que el momento esperado llegó, y comenzaron a elevar sus papalotes que adornaron por algunos minutos el firmamento, pero no sólo sus juguetes lo hicieron, pues a esta exhibición se sumaron más concursantes con modelos y formas de papalotes ¡que nunca antes  había tenido la fortuna de admirar!¡Todos eran hermosos y reflejaban el trabajo y tiempo que les habían dedicado! Entre ellos destacaron el papalote en forma de robot, el de Quetzalcóatl, que tenía como característica particular, haber sido confeccionado con pequeños papalotes en forma de cuadros que representaban el cuerpo de la serpiente emplumada, con distintas escalas de azules, complementados con rosa, verde y amarillo, logró captar la atención de los asistentes.
Pero no podía dejar de mencionar el papalote de la brigada  Zacatuches, que fue forrado por los integrantes y que logró elevarse a pesar de su gran tamaño, todos muy emocionados brindaron gritos de júbilo, pues estaba allí, frente a ellos, el papalote que los representaba.
La exhibición de papalotes fue la última del día, pero sin duda también fue la más especular. Todos los asistentes se fueron con una buena impresión y teniendo presente que es realmente importante preservar estos juegos, no sólo porque brindan la posibilidad de conseguir un premio, sino también para reforzar nuestra identidad, algunos dijeron “esperar ansiosos el próximo evento” y yo coincido con ellos.



Por: Rosa Ivett Reyes Villanueva.

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